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Estamos detenidos frente a lo que no se ve, o más bien, a lo que no parece verse del todo, la tensión entre el automatismo y la irrupción de lo inesperado; técnica de repetición usada en favor de lo improbable. Medusas y plumas, símbolos, que revolotean quebrando en su movimiento el paradigma de un ideal estático.

Asunción por definición es la aceptación de una responsabilidad u obligación, abramos esta pregunta: ¿cuál es esa responsabilidad que se está aceptando? Soy una máquina y esto de cierto modo me lo están dictando: el cuerpo del artista es médium e imprime con toda su fuerza sus tensiones con la realidad, con firmeza. El pulso que vibra en una poesía aleatoria para romper con las series presdigitadas de la producción masiva.

La inocencia suele adoptar tonos y formas conocidas, la sutileza del color pastel, por ejemplo. La coreografía imperceptible de lo siniestro respira en el centro de la escena blanca, una caja iluminada. Objetos que cuelgan son siempre cuerpos que cuelgan o que terminan-terminarán colgando: la esclavitud de la imagen.

Estamos en una vidriera infinita, la subversión es utilizar lo dado para pervertir los límites de lo pensable: una obra sin género, un cuerpo sin género, una serie imposible que refleja un mercado imposible, el sentido que se sustrae en un mundo lleno de explicaciones.
Malén Denis